VERANO

Cuando teníamos unos diez años, el verano empezaba con el primer frigopie o o con el primer colajet, (eso dependía del gusto de cada uno).
Era una estación llena de luz, de color y de cloro (una es de Madrid, aunque quedaría mejor "y salitre").
Su música era la de cualquier orquestilla encima de un tractor en el frontón de Valdecolmenas.
Los días daban de sí para hacer un montón de cosas y el mañana simplemente no existía.
Ahora el verano es agosto, treinta días a aprovechar al máximo, treinta días para desconectar, andar sin prisas, reírnos juntos y disfrutar al aire libre de cualquier cosa.
Hoy el primer collar veraniego. Me recuerda a los chicles que salían en la máquina después de introducir el duro y girar la manecilla.
Quizás por eso me gusta, porque aún ahora, me siguen perdiendo las gominolas.





