Entro en la farmacia.
- Buenos días, quería dos cajas de Malarone por favor.
- Un momento, tome, son 98 E
- ¿Eh?! He pedido solo dos cajas- y pienso ni que me fuera a llevar cajas y cajas para llevarlas allí a algún hospital.
- Si cada caja a 47,5 E…- ¡Ah! ¿me haces por favor el descuento del banco?
- Entonces son 46,5 E.
De vuelta a mi sitio, aún no sé de qué me ha entrado ganas, si de pedirle el teléfono del proveedor para decirles que son unos ladrones, si de llorar porque no me imagino a cualquier Gambiano con paludismo teniendo que pagar 47,5 E por 12 pastillas, o si comprar chicles sin azúcar con el Euro de descuento (que oye, algo me he ahorrado y si le doy al chicle lo mismo no le doy a la cabeza).
Y me he puesto a pensar en que, ni siquiera es una vacuna que con un solo uso te evite el contagio, que es el tratamiento para curar esa enfermedad… pero que si te vuelve a dar… ahí que te dejas otra vez los 47,5 E, y no por mi, que gracias a nacer en el primer mundo me lo puedo permitir, sino por ellos (por los que viven en el África subsahariana) que yo al fin y al cabo voy una semana pero ellos viven allí.
Y desde que supe que iba a ir a África he empezado a fijarme más en las páginas internacionales y no me ha molado nada todo lo que he leído de la cumbre de la FAO, y es que pienso que África no puede levantarse si Europa o el llamado primer mundo no deja de pisarles.
Y me siento afortunada por haber nacido en Europa, y por ser mujer en Europa, y por poder decir lo que siento sin pensar que será utilizado o simplemente menospreciado, me siento con suerte de poder permitirme pagar el p. medicamento, de ser mujer y valerme por mi misma, suerte que muchas veces no soy consciente.

1 comentarios:
Algo conozco del mundillo, ya que I trabajó en la investigación del medicamento. Al final todo en el mundo son intereses y vale más el dinero que la vida de las personas
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